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Mario Cuenca Sandoval
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Mario Cuenca Sandoval (Sabadell, 1975). Licenciado en Filosofía. Reside en Córdoba y ejerce como profesor de Secundaria. Ha recibido los premios internacionales Surcos (2004) y Vicente Núñez (2005). En 2006 obtuvo el Premio de Narrativa Andalucía Joven. En 2007 el 2ºPremio de Narrativa José Saramago y en 2008 el Premio Internacional Píndaro.
mcuencasandoval(arroba)gmail.com

 

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los años salvajes de la filosofía

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(Fragmento de SAFRANSKI, R., Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía; a la salud de mi viejo amigo Pepe Antonio Pedraza, que se fue a hacer las Américas; y también de Toni Montesinos, que menciona una cita rescatada de un extraño lugar)

"También durante el viaje, Arthur ascendió a un monte en tres ocasiones (el Chapeau, el Pilatus y el Schneekoppe). En las alturas, busca la naturaleza en sus mejores momentos, pero tam­bién se enfrenta con los más despiadados y alejados de lo humano. En las alturas, el hombre queda anulado y la naturaleza se permite romper sus 'límites'. El que se enfrenta con ella tiene que estar en soledad heróica. Así, la vivencia de la mon-taña está llena de significado para Arthur Scho­penhauer. Allí 'todos los objetos pequeños se esfuman; sólo lo grande conserva su figura. Todo queda integrado: lo que se ve no es una multitud de pequeños objetos separados, sino un gran cuadro, brillante y luminoso, sobre el que el ojo se detiene con placer'. Pero también el que contem­pla la grandeza y se sustrae al hormiguero es grande. Uno ya no está atado a los objetos sepa­rados, sino que se ha convertido en 'ojo', un ojo dirigido hacia ese 'cuadro brillante y luminoso'. 'Ojo del mundo' llamará posteriormente Schopen­hauer al sentimiento que se desprende de este placer en visiones lejanas.

En la ascensión del Schneekopee, Arthur y su guía pernoctan en una cabaña llena de mozos de cuadra que se apelotonaban entre sí produciendo un "calor animal". Arthur utilizará des­pués la imagen  de los puercoespines que se apretujan para defenderse del frío y del miedo. En la cabaña hay también un libro en el que los caminantes pueden eternizarse. Alguien encon­traría allí la inscripción de Arthur:

'¿Quién puede asceder y callar?'
Arthur Schopenhauer, de Hamburgo.

27/09/2007 16:50

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